viernes, 3 de octubre de 2008

HISTORIA DE LA BUENA ACCION

Esta historia es un buen ejemplo del hecho que no importa el tamaño o el lugar sino el espíritu con que fue hecha.
Era el final del otoño de 1909. Durante el día, la ciudad de Londres había estado sumergida como en una sopa de guisantes, con una niebla espesa que prácticamente había detenido todo el tráfico, todos los negocios de la capital británica.
Un publicista norteamericano, el señor Boyce, de la ciudad de Chicago, tenía dificultades para encontrar una dirección en el centro de la ciudad. Se había detenido bajo una de las lámparas de la calle para orientarse mejor, cuando de repente apareció un muchacho entre la niebla.
“¿Puedo ayudarlo señor?” pregunto el muchacho.
“Ya lo creo que si”, dijo el señor Boyce. “quisiera que me indicaras como llegar a esta dirección...”
“Yo lo llevare ahí señor”, dijo el muchacho, y se encamino en la dirección deseada por el Sr. Boyce.
Cuando llegaron al lugar, el Sr. Boyce busco en sus bolsillos algunas monedas para dárselas de propina, pero antes de que tuviera oportunidad de ofrecerlas al muchacho este le dijo:
“No señor, muchas gracias, soy un scout, y un scout no acepta nada por ayudar a alguien”.
“¿Un scout? ¿Y que es eso?, pregunto Boyce.
“No ha oído hablar de los Boy Scouts de Baden-Powell” el señor Boyce no había oído de ellos “cuéntame de ellos dijo.


Así que el muchacho le platico al norteamericano acerca de él y sus hermanos Scouts.
El Sr. Boyce quedo muy interesado y después de terminar sus negocios, le pidió al muchacho que lo llevara a las oficinas de los Boy Scouts británicos.
Ahí desapareció el muchacho.
En la oficina el señor Boyce conoció a Baden-Powell, el famoso general ingles que había fundado el movimiento scout hacia dos años.
Boyce quedo tan impresionado con lo que Baden-Powell le dijo acerca del escultismo que decidió llevarlo a su país cuando regresó de Inglaterra.
¿Qué paso con el muchacho que ayudo a Boyce?
Nadie lo sabe. Nadie volvió a oír de el, sin embargo nunca se le olvido. Los Scouts de EE. UU. Regalaron al centro internacional de adiestramiento, el parque Gilwell en Inglaterra, una hermosa estatua de un búfalo americano, con una simple inscripción que dice:
“Al scout desconocido quien en su lealtad al diario cumplimiento de la buena acción, hizo posible traer el movimiento scout a los Estados Unidos de América.
Una buena acción a un hombre, se transformo en una buena acción a millones de muchachos.
Tal es la fuerza de la buena acción.

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